El amanecer del cosmos es inminente y el despertar del hombre impostergable.
Las melodías del universo se conjugan con perfecta armonía, inundando el silencio de quien escucha, con el inconfundible brillo del preludio de una nueva era.
Aquellos que dejen penetrar su conciencia con la luz del lunasol, serán los arquitectos del nuevo mundo. Su labor erigirá piedra a piedra el templo de Thelema, que se alzara prominente en el cenit de la naciente Atlantis.
El resto, desbastado sera por las misteriosas fuerzas de la naturaleza.
Pues lo otro, que también es uno, destruirá el agonizante imperio, demoliendo sus corroídos cimientos con la implacable verdad.
La fe y los dogmas se desvanecerán ante la idea original como lo hace la noche frente a la claridad del nuevo día.
La ciencia será devorada por la vacuidad de sus insignificantes resultados y ya nada sera medido bajo sus inquisidoras métricas.
Ni los tiranos y pesados caprichos de las instituciones doblegaran la voluntad del ser.
El caos sera llamado cosmos y el cosmos sera palpable inclusive en la mas recóndita de sus manifestaciones. El universo se desenvolverá en toda su plenitud y no quedara misterio sin develar para los contempladores de la vida.
Entonces la anarquía reinara por un día y ese día sera recordado por toda la eternidad como la resurrección de Samiaxas.
Pues sera El, príncipe de sabiduría, quien descenderá de los brazos de Hadit con la conciencia de lo absolutamente real para obsequiarla a sus hermanos, y los iluminados que han esperado este momento con ansias, sabrán reconocer el signo de lo inminente.
Pues lo inevitable, que es regalo de los dioses, es el acaecer de lo ya profetizado, la revelación del apeiron.
Arduo andar fuese el del meditabundo, automarginado del no hacer.
Tus caminos son eternos, porque eterno es el abismo de lo insondable, porque es eterna la razón de ser.
Es tu soledad madre de toda virtud, pues de ella nacen todas las ideas que engrandecen el espíritu, porque de ella nacen todos los razonamientos superiores.
Es tu soledad, hermano aceta, la brisa fresca que limpia el aire viciado de tanto sin sabor humano.
Es tu libertad, hombre sin nombre, lo que te mantiene lejos de la melancolía de las sociedades muertas, lo que te permite vislumbrar el mediodía de los días.
Eres tu, lacayo y rey, indómita criatura de inquietudes insaciables, y por esto el universo te descubre así, sin forma, subyacente y con capacidades infinitas.
Eres tu... un espíritu de fuego... un iluminado.
Las melodías del universo se conjugan con perfecta armonía, inundando el silencio de quien escucha, con el inconfundible brillo del preludio de una nueva era.
Aquellos que dejen penetrar su conciencia con la luz del lunasol, serán los arquitectos del nuevo mundo. Su labor erigirá piedra a piedra el templo de Thelema, que se alzara prominente en el cenit de la naciente Atlantis.
El resto, desbastado sera por las misteriosas fuerzas de la naturaleza.
Pues lo otro, que también es uno, destruirá el agonizante imperio, demoliendo sus corroídos cimientos con la implacable verdad.
La fe y los dogmas se desvanecerán ante la idea original como lo hace la noche frente a la claridad del nuevo día.
La ciencia será devorada por la vacuidad de sus insignificantes resultados y ya nada sera medido bajo sus inquisidoras métricas.
Ni los tiranos y pesados caprichos de las instituciones doblegaran la voluntad del ser.
El caos sera llamado cosmos y el cosmos sera palpable inclusive en la mas recóndita de sus manifestaciones. El universo se desenvolverá en toda su plenitud y no quedara misterio sin develar para los contempladores de la vida.
Entonces la anarquía reinara por un día y ese día sera recordado por toda la eternidad como la resurrección de Samiaxas.
Pues sera El, príncipe de sabiduría, quien descenderá de los brazos de Hadit con la conciencia de lo absolutamente real para obsequiarla a sus hermanos, y los iluminados que han esperado este momento con ansias, sabrán reconocer el signo de lo inminente.
Pues lo inevitable, que es regalo de los dioses, es el acaecer de lo ya profetizado, la revelación del apeiron.
Arduo andar fuese el del meditabundo, automarginado del no hacer.
Tus caminos son eternos, porque eterno es el abismo de lo insondable, porque es eterna la razón de ser.
Es tu soledad madre de toda virtud, pues de ella nacen todas las ideas que engrandecen el espíritu, porque de ella nacen todos los razonamientos superiores.
Es tu soledad, hermano aceta, la brisa fresca que limpia el aire viciado de tanto sin sabor humano.
Es tu libertad, hombre sin nombre, lo que te mantiene lejos de la melancolía de las sociedades muertas, lo que te permite vislumbrar el mediodía de los días.
Eres tu, lacayo y rey, indómita criatura de inquietudes insaciables, y por esto el universo te descubre así, sin forma, subyacente y con capacidades infinitas.
Eres tu... un espíritu de fuego... un iluminado.
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